Alessa se rascó los ojos mientras iba a la cocina por un vaso de leche. Eran las nueve de la noche y se estaba preparando para ir a la cama como la niña buena que definitivamente no era. No conciliaría el sueño, como en noches anteriores, pero ya era un hábito dar vueltas en la cama y ver el techo durante horas.
Carla no estaba en el departamento sino en casa de un chico, teniendo su dosis de romance semanal. Por fin iba a descansar de sus burlas y comentarios respecto a Leonardo Gold. Como si