—Eres un mentiroso de lo peor, Leonardo Gold —acusó volteando a ver al mecánico con más dinero en el bolsillo que humildad en su corazón.
Eso fue bastante evidente cuando Leonardo estalló en carcajadas después de que colgó la llamada.
—¡Hasta que se destapó la olla! —se burló él.
—Eres insufrible —masculló ella a su vez, su cabello rojo moviéndose al compás de sus movimientos de cabeza.
Alessa tenía más orgullo de lo que quería admitir y eso no era algo que debía ser puesto en tela de juicio.