—Es hora de despedirnos.
Estaba presenciando una pesadilla en tiempo real. Cada persona se despedía, cada uno le daba un beso en la frente y un susurro suave al oído.
¿Cómo podían rendirse tan fácilmente, por qué no le estaban dando tiempo a su cuerpo para sanar? Dándole el tiempo extra que necesitaba para volver a nosotros, a mí.
Era muy consciente de que era un intruso en ese momento familiar y desgarrador. Elena y Esteban estaban presentes, la única persona ausente era Jorge.
No podía obligar