Por un momento nadie habló, la señora Margarita estaba roja por la vergüenza. Pero conocía a mi padre y él era un hombre que no jugaba con ese tipo de noticias. Mi cerebro trabajaba rápido para analizar en tiempo récord; salió a divertirse como todos le habíamos dicho y por casualidad se encontró con la madre de mi novio y de su noche loca, llegaron a la cama… deseché las imágenes, no podía pensar en mi padre de ese modo, aunque sabía que era la única manera de tener un bebé de manera natural.