En el camino recibí muchas llamadas del señor Bastian, incluso mensajes de texto en donde me pregunta que dónde estoy y que está preocupado porque desaparecí del restaurante.
Yo solo sonrío de mala gana y me seco una lágrima que brota de mis ojos. No sé qué me pasa, esto me duele más que lo que me hizo mi propio novio. Llegué al departamento y me preparé un tazón de fideos. Sí, el hambre es mi mejor aliada en tiempos de tristeza y desesperación.
—Contrólate, Celeste. Has prometido no enamorart