Tin… tin… el timbre de la puerta principal les interrumpió. Bastian fue a abrir y por ella ingresó un agitado asistente.
—¿Qué haces aquí? ¿Hay algún problema grave en la empresa? —cuestionó con preocupación, pues, desde que Celeste vive en esta casa, él no viene a menudo.
—No es grave, pero si delicado, tengo prisa, solo he venido a entregarte esto que se le cayó a tu mujer en la entrada de tu oficina.
—Pasa y salúdala.
—¿O sea que ella no se ha marchado? Joder, amigo. Eso me