Douglas se negaba a irse sin ver a la directora del Atelier.
Tenía ganas de gritar a los cuatro vientos que era su maldito esposo y a duras penas se contenía para no agregar más manchas a su expediente de chico malo.
Como era uno de los socios principales en el negocio de las pieles, la secretaria de Lilianne lo hizo pasar a la sala VIP para esperar a la dueña.
Douglas aprovechó para conectarse a una reunión que tenía con un empresario de Texas.
McCall Cattle Company era dueña de una important