Lilianne no supo cómo actuar por un momento y, al ver la escena de sus hijas llorando en los brazos de su padre, le tembló el corazón.
¿Acaso había sido tan egoísta, pensando solo en sus sentimientos, que les había negado esa felicidad a ellas?
Nunca entendió la obsesión de las gemelas por encontrar a su padre, pero, al verlas en los brazos de Douglas y a un hombre tan rudo como él a punto de llorar, comprendió que había conexiones inquebrantables.
—Yo…
—¡Momi, ya regresó papito! —gritó Sienna,