DAMIÁN
Cuando entramos a la empresa, todos nos observan. Estamos a punto de ingresar al ascensor de presidencia cuando una idea ronda por mi cabeza; aprovechando que la mayoría está regresando de almuerzo, recién ahí me doy cuenta de que el tiempo se me pasó volando.
—Quiero la atención de todos, por favor
—Damián, ¿qué se supone que haces? Todos nos están viendo. — No le digo nada y avanzo unos pasos con ella de mi mano; nunca más la pienso soltar.
—Buenas tardes con todos, seré breve. Ella es Nathalie Rivers de Harper o señora Harper para ustedes; eso quiere decir que es mi esposa. Hace tres meses nos casamos y recién me atrevo a presentarles como lo que es en mi vida, la madre de mis hijos, también la mujer que amo y dueña de mi corazón, eso para que todos los curiosos e indiscretos dejen de especular sobre mi vida privada, así que les pido el mismo respeto que me deben a mí; se lo deben a ella también. Es todo lo que tenía que decir; sigan con su trabajo.
De alguna manera siento u