DAMIÁN
Creo entre sueños, anduve alucinando, como si un ángel me tendiera la mano, pero debo estar desvariando producto del estrés me dio una gastritis horrible, tanto así que ni cuenta me di cuando seguro vino alguien de servicio y me trajo las pastillas que me terminaron por tumbar hasta dormir como un bebé.
Veo el reloj y son las nueve de la mañana, debería mejor darme un baño y luego ir a la oficina, es viernes y mañana es la dichosa fiesta. De pronto tocan la puerta.
—Señor, su desayuno es