Separamos nuestros labios, cogiéndome Carlo en sus brazos, haciéndome sentir la mujer mas feliz del mundo, mientras apoyaba mi cabeza en su cuello. Al llegar a donde tenía el coche aparcado, abrió la puerta sentandome dentro, sentándose Carlo en el asiento del conductor. No se cuanto tardamos hasta que aparcó su coche abriendo mi puerta para que bajara, Entramos en una preciosa casa, llena de objetos de mucho valor, suelos de mármol blanco, el más caro que había en el mercado, figuras adornando