Los días transcurrieron con una calma que Natasha jamás creyó posible. La inmensa mansión, antes envuelta en un silencio sepulcral y un aura de constante alerta, comenzó a llenarse de risas, de conversaciones cálidas y de los tiernos preparativos para la llegada del bebé. Las habitaciones, antes frías y sobrias, ahora resplandecían con una luz acogedora que parecía emanar de la propia felicidad de la pareja.
Aleksi se había vuelto aún más protector, casi hasta la devoción. Ya no era solo el imp