El bosque encantado, que durante meses había sido un refugio de paz y flores resplandecientes, de pronto se estremeció. El cielo nocturno, antes adornado por una luna llena brillante, comenzó a teñirse de un rojo carmesí. Las libélulas de luz cayeron al suelo y las flores mágicas cerraron sus pétalos en un intento desesperado por protegerse.
La guerra había llegado.
En la capital, Lukan había completado su oscuro propósito. Utilizando el alma corrupta y ambiciosa de Ricardo —a quien sacrificó s