ERIC
–¿Que tanto sabes o leíste sobre nosotros? –pregunto aun masajeando sus pies.
Su cabeza la mantiene apoyada en el respaldo del sillón mirando en mi dirección, su corazón late más rápido de lo normal, pero no al punto de tenerlo alterado. Se que se asusto cuando llegamos y le mencione que debíamos hablar.
Su corazón siempre la delata en conjunto con el aroma de los nervios.
–Uh… no mucho –responde quitando un mechón de pelo de su rostro–. El libro que leí no lo vi entero, solo preste atenci