Sus dos sobrinos corrían de un lado a otro sin descanso. Había extrañado tanto sus risas, travesuras y el que la llamaran tía. Los observó con cariño y lista para socorrerlos en caso de que alguno necesitara de su ayuda.
La visita a casa de sus padres había ido mejor de lo que imaginó. Pero había pasado un poco de vergüenza, cuando William devoró casi todo el pan que su madre había horneado esa mañana. Sí Mónica no lo hubiera detenido no habría quedado nada para los demás. Aun así, su madre pa