William tomó la mano de su esposa mientras iban de regreso al aeropuerto para regresar a casa. Mónica levantó su cabeza para verlo y le sonrió o, al menos lo intentó. Venían de asistir al funeral de la hija de su amiga Ross, en Wellington. La pequeña había fallecido después de algunos días de nacida.
La noticia la había puesto muy triste. William sabía que su esposa era muy sensible cuando se trataba de los niños, pero Mónica había estado con Ross en ese oscuro momento de su vida, al igual que