Algunas semanas después.
Mónica acarició con las yemas sus dedos la cicatriz de bala en el abdomen de William. Él aun dormía en la que ahora era su cama, en la habitación que había sido de sus padres. Ellos insistieron en que la joven pareja se quedara ahí. Y sus padres se habían mudado a una pequeña cabaña a un costado de la casa que usualmente usaban las visitas.
Inclinó su cabeza y depositó besos en su pecho. Arrastró sus labios hasta su barbilla y no pudo evitar darle un leve mordisco.
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