Capítulo 10 – Horas extras
Narrador:
Ambos jóvenes rieron y pasaron una tarde muy amena. Conversaron de sus países, de costumbres, de pequeñas diferencias que a ambos les resultaban curiosas, y de lo mucho que Seúl tenía para ofrecer cuando se la miraba sin prisa. Dana se sentía liviana, como si por unas horas hubiera logrado olvidarse de normas, contratos y jerarquías.
—Ya se ha hecho algo tarde, Seo —dijo finalmente—. Debería regresar.
—Tienes razón —asintió él—. Las horas pasaron volando y el pobre chofer debe estar aburridísimo esperándote.
—Sí, pobre —rió—. Le dije que podía volver por mis medios, pero tenía órdenes de esperarme sin importar cuánto demorara.
—Entonces será mejor no hacerlo sufrir más —respondió Seo, llamando al camarero para pedir la cuenta.
—Deja, yo te debo la comida, ¿recuerdas?
—Tranquila —dijo él con naturalidad—. Será para la próxima. Así tengo un pretexto para llamarte.
—No necesitas pretexto ni para llamarme ni para invitarme a salir.
Seo la miró con una