Capítulo 24. No hay otra solución
En cuanto amaneció las cortinas de la habitación de Dragos habían quedado recogidas, los rayos de sol entraban y calentaron el rostro de Sophia y le molestó en los ojos.
La noche anterior Dragos la había alimentado con sus sangres varias veces, como si cuidara de un infante que requiere de alimento de cada dos a cuatro horas; no habían tenido sexo, ella quería, pero la verdad estaba débil y apenas Dragos gentilmente la rechazaba, la abrazaba y besaba su sien y ella caía de nuevo dormida.