Al llegar a casa, encontré a Hugo en la sala, parecía que había llegado poco antes que yo. Aún llevaba la camisa puesta y tenía el teléfono en la mano, con una expresión seria.
Al escucharme entrar, levantó la vista hacia mí.
Supuse que Juana ya le había contado sobre la pelea.
Era de esperarse. Sabía que, al golpear a Juana, Hugo se enteraría. Incluso había preparado cómo explicarle todo.
Era cuestión de adaptarse a la situación.
Si él quería actuar, yo le daría el escenario y la oportunidad.
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