Diana me llevó a una zona comercial cercana y encontramos un restaurante con jardín para desayunar.
Después de sentarnos y pedir, le conté a Diana el plan de Hugo.
Diana, al escucharme, dejó su taza de café en la mesa y no estuvo de acuerdo con que fuera.
—Sofía, creo que ese imbécil no tiene buenas intenciones. Si vas sola, caerás en su trampa. No podemos darle esa oportunidad.
—Lo sé, —la calmé—. Sé que Hugo podría no tener buenas intenciones, pero, Maestra Castro, esta podría ser mi única opo