Diana apoyó una mano en su mejilla, mirándome coquetamente y guiñándome un ojo.
—Esa noche no pudimos enfrentarlos en el baño. Ahora que ella se nos ha puesto enfrente, ¿no sería descortés dejarla ir así sin más?
De inmediato entendí su insinuación.
Desenmascarar a la amante de Hugo… ¿cómo no iba a querer hacerlo?
Aunque mis sentimientos por Hugo, ese maldito desgraciado, ya estaban muertos, el odio que sentía por la humillación que me hicieron pasar él y esa mujer quedaba grabado en mi corazón.