Juana soltó una risa fría.
—¿Quién te crees para darme lecciones?
Antes de que pudiera enfurecerme, la Maestra Castro agarró una escobilla de baño y la estampó contra la cabeza de Juana.
—¿Te atreves a contestarme después de robarle el marido a otra mujer, sinvergüenza?
Juana gritó sorprendida e intentó agarrar la escobilla para defenderse, pero la Maestra Castro no le dio oportunidad. Le sujetó la muñeca y la empujó contra la pared con fuerza.
De inmediato fui a ayudar, inmovilizando las manos