El dolor se apoderó de mí, destruyendo todas mis ilusiones poco a poco.
Fue entonces cuando me di cuenta de que, en algún momento, había comenzado a pellizcarme el brazo con fuerza, y mis dientes estaban a punto de romperse de tanto apretarlos.
Sí, todas esas escenas que imaginé eran solo eso: fantasías. Fantaseaba con que no había impedido que Diana entrara y me ayudara, que habíamos capturado juntos la evidencia de esta traición.
Yo también deseaba hacer eso.
Pero no podía.
Sebastián tenía raz