Pensé que Diana había llamado a Gabriel para venir a buscarme, pero me sorprendió ver que era Sebastián.
Al ver su rostro serio y sus cejas fruncidas, instintivamente me giré para secarme las lágrimas rápidamente, deseando poder desaparecer. No quería que Sebastián me viera en este estado tan desastroso, y mucho menos ser objeto de sus burlas por mi estupidez y ceguera que me habían llevado a este punto.
Pero las lágrimas seguían fluyendo, empapando mis mejillas. Cuanto más las limpiaba, más caí