—¿El beneficiario del seguro era yo? Parece que es para mi bien, ¿verdad? Pero si muero, ¿de qué me sirve todo eso? No tengo padres, ni familia cercana. Él es mi único pariente, así que al final, el dinero del seguro terminaría en sus manos.
El solo pensar en esta posibilidad me hizo sentir un frío que me recorrió todo el cuerpo, haciéndome temblar.
Las lágrimas comenzaron a caer, y con los dientes apretados, me obligué a no llorar.
—Maestra Castro, ¡Hugo es un monstruo! No solo quería matar a n