—¿Y qué? ¿Si llevo a la persona que me gusta, ellos van a aceptarla? —respondió Sebastián con una frialdad en su mirada—. Fueron ellos quienes rompieron el acuerdo, ya no me importa.
¿Tenía Sebastián problemas con su familia?
Nunca lo había escuchado hablar de ellos, y aunque mi curiosidad creció, decidí no preguntar. Sería cruzar una línea. Las palabras se detuvieron en mis labios y preferí guardarlas.
Sebastián me devolvió el sobre.
—Encárgate de organizarlo.
—¿Aceptaste la cita? —Mi sorpresa