Diana se exaltaba cada vez más. Si Juan hubiera estado delante de ella, ya le habría dado una bofetada.
—Siempre te preocupas por mí y no dejas que me pase nada malo.
El tono claro de la voz de Diana era la melodía más hermosa del mundo. Sentí una calidez en el pecho, y mis ojos comenzaron a humedecerse.
—¡Es que eres mi tesoro! —Diana empezó a calmarse—. Esto pasó en Capital Montezuma, ¿Sebastián no hizo nada?
—Esto ocurrió bajo su vigilancia. Si no hubiera hecho nada, cualquiera se atrevería a