Bajo las luces tenues de los faros y la iluminación de neón, Sebastián se mantenía erguido, con una mano en el bolsillo, en una postura relajada, sin mostrar ni una pizca de molestia por los daños a su coche.
Aunque el Bentley Continental tuvo la mayor parte de la culpa por el choque, el hecho de que el otro coche fuera el de Felisa me hizo sentir cero compasión. De hecho, hasta deseaba que el golpe hubiera sido más fuerte para que ella saliera más lastimada.
—¿Que yo tengo responsabilidad? ¡Eso