—Sebastián no tiene un perro, ¡lo que tiene es una novia consentida! —comentó Diana.
—¡Esa descripción es perfecta!
—Cuando te frustres en el trabajo, solo lleva a tu Samoyedo a molestar al husky de Sebastián, así te desquitas.
—Yo no soy de esas que abusan de los más débiles.
Molestar a un perro no cuenta como abuso, pero jugar con él un rato no hace daño.
—Sofía, ¿alguna vez has pensado que la chica de los sueños de Sebastián podría ser así?
—¿Así cómo?
—¡Como una novia consentida!
—Amiga, ¿có