Estrella parecía no escuchar las palabras de Hugo. Seguía hablando para sí misma mientras no dejaba de golpearlo con la silla.
—¡No quiero ir a la cárcel! ¡No quiero perder mi libertad! ¡Tienes que llevarme contigo ahora mismo!
—Está bien, está bien, te llevaré, pero primero suelta la silla —dijo Hugo, tratando de calmarla.
Estrella estaba tan alterada que tenía una fuerza inusual, y Hugo no podía quitarle la silla de las manos.
Decidió hacerle creer que cumpliría su deseo para tranquilizarla.
—