—¡Hugo, no me dejes! ¡Prometiste llevarme contigo! —Estrella seguía pegada a él como una sombra molesta, sin dejar de murmurar entre sollozos.
Hugo, ya harto, le lanzó una mirada fulminante:
—Si sigues así, te dejo aquí tirada. ¡Compórtate de una vez!
—¿Que me vas a dejar? ¡No puedes hacerme eso! ¡Lo he sacrificado todo por ti! ¡No te lo permitiré!
Gritó Estrella, su voz quebrándose mientras sus manos temblorosas agarraban a Hugo con fuerza, sacudiéndolo como si intentara arrancarle la promesa q