Sebastián le agarró la mandíbula a Rodolfo y le soltó: —Si vuelves a decir una grosería sobre Sofía, te aseguro que te arrepentirás.
Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, nunca hubiera creído que este era el Sebastián que yo conocía.
Esa frialdad y agresividad no se parecían en nada a su usual comportamiento de caballero.
Parecía una escena sacada de una novela donde el héroe llega justo a tiempo para salvar a la protagonista.
—¡Pegarle a alguien es un delito! —lloriqueó Julieta—. ¡Vamos