Por eso Hugo permitió que su madre, Isabel, me obligara a hacer todas las tareas del hogar, sin dejarme contratar a una niñera. Incluso se fue de viaje de trabajo cuando yo estaba a punto de dar a luz, para no estar presente en caso de complicaciones y así quedar libre de toda responsabilidad.
¿Crueldad?
Ni siquiera una novela se atrevería a tanto.
El shock que sentía era indescriptible.
Hugo frunció el ceño y, furioso, dijo:
—¡Pero de verdad que eres dura! No te moriste en el camino y esos imbé