—Lamento ser yo quién deba decírtelo.
El eco de su voz siguió repitiéndose en mi cabeza sin cesar, lastimándome los tímpanos: “Ese maldito te usa. Te lleva utilizando desde el inicio, porque tú, Cyra, tú estás rompiendo su maldición”.
—Lo siento mucho, Cyra. Lamento que todo haya sido falso.
Un hombre que, por amar incondicionalmente, había masacrado a los suyos y roto un sinfín de leyes, todo con tal de proteger a la mujer que amaba y verla vivir feliz al lado de su amado y el hijo de ambos