Sentir los reconfortantes brazos de mi padre en torno a mí, me hizo consciente de lo mucho que había evitado pensar en él, de lo mucho que me había obligado a no extrañarlo por miedo a extrañarlo más.
—Mi querida hija, te extrañé tanto —me dijo, conmovido y emocionado por verme.
Yo me apreté contra él, dejando salir un mar de lágrimas.
—Papá, gracias por esperar todo este tiempo, por buscarme...
Estuvimos abrazados un rato más, hasta que la emoción se calmó y yo dejé de llorar. Entonces él