Leticia se apoyó en la pared, con una mano en el pecho como si tratara de sostener el corazón que parecía desgarrarse desde adentro. Una punzada fría la atravesó. Y no fue de rabia, ni siquiera de orgullo herido. Fue una herida real, honda, inesperada.
Ella… se había enamorado profundamente de Alejandro. De verdad se había enamorado perdidamente, como nunca antes. Sin siquiera haberse permitido a sí misma demostrarlo del todo, como si bastara con mantenerlo al margen para no mostrarse vulnerabl