Leticia se sentó junto a la ventana de la habitación donde estaban y donde había escuchado tantos secretos que hubiera preferido nunca oír, se quedó unos segundos observando el jardín bañado por la luz del sol del mediodía mientras su propio interior estaba sumido en sombras. A su lado, Camila reposaba con las manos cruzadas sobre su regazo, su expresión serena, pero sus ojos delataban una tormenta interior.
Leticia desvió apenas la mirada, aún con el ceño fruncido por todo lo que había escucha