Con el equipaje listo, los autos estaban preparados para salir. Alejandro abrió la puerta del coche para que Leticia entrara, y ella subió, ajena a la tormenta de emociones que se libraba dentro de él.
El sol a esa hora de la mañana bañaba la carretera con una luz dorada. Los motores rugieron al unísono mientras los vehículos emprendían su camino de regreso a la ciudad. En el silencio del trayecto, Alejandro mantenía la vista fija en la carretera, conduciendo con precisión mecánica, pero su me