Cuando logran separarse al fin, Lucie le sonríe con dulzura, huele la flor y se la lleva a la cocina para buscar un algo que le sirva de florero. Al final, se queda con un jarro que suele usar cuando prepara jugos naturales o batidos.
—¡Pero que florero más innovador! —se ríe Armand y Lucie se encoge de hombros.
—Nunca me regalaron flores, así que un florero no es algo que me importe tener en casa.
—Pues es mejor que vayas buscando uno, porque esto será más seguido —la abraza para fundirse en e