Isabella.
No podía dejar de sentirme emocionada cuando vi mi rostro en la pantalla. El comercial finalmente había salido. No era gran cosa, solo unos segundos de mí sonriendo, usando un vestido de verano mientras la cámara me seguía en un parque lleno de flores, pero verlo en la televisión era algo surrealista.
“Es solo el comienzo”, me repetí, como un mantra. Había aceptado el trabajo sin pago, sabiendo que abriría puertas, y ahora, comenzaban a tocar a la mía.
La primera llamada llegó tempra