No era Robin

Cuando salí de la habitación y me dirigí por el pasillo hacia la recepción, se me aceleró el corazón al ver a Theo sentado en el sofá, con las piernas abiertas y la cabeza hundida entre ellas. Estaba solo.

Unas mariposas dobles volaron a mi estómago, demostrándome que sólo él podía hacerme eso. Me detuve frente a él y me miró, con el semblante también cansado y los ojos enrojecidos.

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