La chica perdida

Me di cuenta de que Maíra se marchaba, pie a tierra, sin querer llamar la atención. En cuanto se cerró la puerta, dije:

- Te lo presto.

- No quiero tu dinero.

- No te lo doy, te lo presto.

- No lo necesito. Si hace falta, se lo pediré a nuestro padre.

 ¿Entonces por qué coño no se lo has pedido todavía?

- Sólo porque no quiero ir más allá de lo que puedo permitirme.

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