Aquella noche las chicas dieron vueltas en sus colchones en el suelo, en un sueño completamente agitado, seguramente debido a los muchos dulces que habían comido y a la emoción de su día perfecto. Escuché los nombres de Ben y Anon durante horas, y me ponía enferma. Estaban maravillados por todo lo que habían vivido en tan solo unas horas.
Cada vez que se removían, yo me despertaba. Y con cada uno de ellos, mi mente pensaba sin parar. Y surgían más y más planes, en todos los cuales Anya y Daltro