Así que lloré...
Theo se removió en su silla, parecía molesto por mi decisión.
- No quiero criar a un niño con amor, cariño y toda la dedicación para que luego, al cabo de los años, te vayas de aquí y quieras recuperarlo.
- I... Te prometo que no me lo llevaré de vuelta. Si tengo que firmar algún papel, lo haré. Pero, por el amor de Dios, ¡quédate con mi pequeño! - Suplicó, con lágrimas cayendo por su rostro.
Me mantuve firme:
- ¡No puedo!
- Te llevaste a las niñas lejos de Anya. Cuidaste de ellas. Sé que