Capìtulo 4.2
Ignatiev.
Hacía unas horas se había dormido, envuelto en las sabanas de Kisha, sintiéndose cobijado por su olor.
Estaba en un sueño profundo cuando alguien entró por la puerta con fuerza, azotándola contra la pared.
Se levantó de golpe, apuntando el lugar con el arma que siempre guardaba debajo de la almohada. Preso del sueño y la oscuridad no pudo fijar la mirada.
–Soy yo, Ignatiev.
Enfoco la mirada en un Dimitrios en pijama, alzando las manos, con la mirada puesta en la nue