EL aire nocturno en el exterior parecía tranquilo, pero dentro de la mansión, una tormenta se gestaba silenciosamente. Adrian había llegado a casa más temprano de lo habitual y, por un momento, todo parecía perfecto. La cena había sido un asunto íntimo y pausado; las velas parpadeaban suavemente sobre la mesa del comedor, y el tintineo de los cubiertos y las copas puntuaba la conversación fluida. Vivian había estado radiante, su risa llenaba la habitación y su vientre, bajo la blusa, se hacía e