CLARA empujó la puerta de cristal, y el tenue carillón sobre ella anunció su salida. La brisa fresca del pasillo del hospital rozó su rostro, pero no hizo nada para aliviar la pesadez en su pecho. Sus tacones chasqueaban suavemente contra los azulejos mientras caminaba, pero sus movimientos carecían de la confianza habitual que solía proyectar. Hoy se sentía frágil; su mundo había dado un vuelco otra vez, y no para mejor.
Sus ojos bajaron al papel que tenía en la mano; sus bordes afilados corta