—A dormir —dije.
Ingresaron al carro de Cuajao, llegaron a la dirección que les habían dado. Lobo ya le había pasado la información a Onur y este ya se dirigía al hotel también. Los muchachos sacaron los cartuchos con los tranquilizantes; eran armas especializadas, no las típicas escopetas utilizadas en dormir a los animales.
Estos eran pistolas fáciles de usar con descargas mínimas para dormir instantáneamente por cuatro horas al enemigo y poder encerrarlos. Cada uno equipado. Esperaron al per