La miraba y notaba un enojo hacia él.
—Otro al menos me habría buscado. —En eso tiene razón—. ¡Al menos llamado! ¿Te das cuenta? Ahora solo velaré por mi familia: mi esposo y mi hijo.
—Bueno, tomate el día de hoy. Nosotras seguiremos con los preparativos de la ceremonia religiosa. ¿Por qué no vinieron los padres de Máximo? —Se puso nerviosa.
—Estarán en la religiosa. —afirmé.
—Esposa mía.
Máximo llegó por su mujer, le dio un beso en la mano, mi Bestia me abrazó por la espalda. Sigo enojada con